JUAN MONTALVO, MI ABUELO Y EL AJEDREZ
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| Luis Mideros, Juan Montalvo, tinta y plumilla,1952 Fondo de arte moderno del Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador en Quito. Fotografía: Karina Rivera |
En 1881 regresó a París. Permaneció allí durante el resto de su vida, a excepción de un viaje a España en 1883, donde fue muy bien recibido por distinguidas figuras de las letras y la política española. Este último período estuvo marcado por la publicación de sus mejores obras: Siete Tratados y Capítulos que se le olvidaron a Cervantes. Murió el 17 de enero de 1889 en París. Su cuerpo fue embalsamado y se expone en un mausoleo en Ambato, su ciudad natal.
Mi abuelo, arquitecto de profesión, también pintaba entre los espacios que le brindaba su profesión.
Curiosamente a pesar de no haber tenido un contacto cotidiano con mi abuelo, ya que él vivía en Puerto Bolìvar, ciudad costera de la provincia de El Oro, heredé de él: la misma profesión; el gusto por la música y la guitarra; y su pasión por el ajedrez.
Como recordarán los amigos, el Mausoleo de Montalvo fue diseñado y construido por mi abuelo Jorge Mideros Almeida entre 1930 y 1932 y erigido en piedra volcánica. En la columna frontal izquierda quedó grabado su nombre. Invito a conocer más sobre mi abuelo, Jorge Mideros Almeida en PRESENTACIÓN de este mismo blog.
«La creación de la Escuela de Bellas Artes tuvo su complemento lógico en la exposición anual de los trabajos que realizaban los alumnos. Fin 1914 el Ministro de Instrucción Pública doctor Manuel María Sánchez dio cuenta de la 1.ª Exposición oficial que se realizó en la fecha clásica del 10 de agosto, certamen que se verificó en años posteriores, en el Salón Anual de Bellas Artes, dedicado al efecto.
El éxito de este concurso de obras artísticas suscitó el entusiasmo del mecenazgo. Un filántropo quiteño, doctor Mariano Aguilera, dejó en su testamento un inmueble, cuyo arriendo anual debía distribuirse en tres premios destinados a las tres mejores obras de arte, a juicio de un jurado, designado por el Concejo Municipal de Quito, responsable de la correcta administración del donativo. Desde el 10 de agosto de 1917, el Certamen Mariano Aguilera fue el mejor estímulo que hallaron los artistas. Al principio la cantidad se limitó a 316 sucres para el primer premio, 218 para el segundo y 108 para el tercero. En todo caso fue el honor el móvil principal que daba aliento a los expositores. El galardón del premio Aguilera fue discernido, entre otros muchos, a Víctor, Luis y Jorge Mideros; a Guillermo Latorre y Enrique Terán; a Luis Veloz, Pedro León y Abraham Moscoso; a Enrique Gómez Jurado y a Camilo Egas; a Antonio Salgado, Juan León Mera y Eugenia Mera de Navarro; a José Amacaña, José Espín y Luis Crespo Ordóñez; a Atahualpa Villacrés, Alberto Vallejo y José Sigcha Parra; a América Solazar, Eduardo Kingman y José Enrique Guerrero; a Oswaldo Guayasamín, Sergio Guarderas y Jaime Andrade, etc.
La creación del premio Mariano Aguilera fue un estímulo de procedencia extraña al círculo de los artistas. En 1924 se organizó el Centro Nacional de Bellas Artes con elemento profesional y en 1932 se fundó el Círculo de Bellas Artes, compuesto, asimismo, por un grupo de artistas.»
Historia de la cultura ecuatoriana
- Edificio de arquitectura neoclásica en el cual se destacan los inmensos faroles y columnas de su fachada.
- El mausoleo, alberga un féretro con el cuerpo de Don Juan Montalvo, el mismo que fue disecado para ser exhibido y además recibe el mantenimiento respectivo para que se mantenga en buen estado.
- Está
construido en piedra con trabajos alusivos a la Grecia Antigua y
detalles que dejan entrever la presencia de la masonería pues es sabido
que este gran escritor estaba relacionado con ella.
FISIOLOGIA
I
DE LA RISA
La primera referencia que he encontrado en la obra de Montalvo sobre el ajedrez, se recoge en su obra «Fisiología I De la Risa» editada en 1916 por otro ilustre ecuatoriano: Juan Benigno Vela, quien al inicio y a manera de prólogo, comenta «Una Explicación del Editor»:
«Habiéndose organizado en Ambato el Comité ´Montalvo´ con el objeto de allegar fondos con qué erigir un modesto mausoleo que guarde perpetuamente las cenizas de nuestro esclarecido coterráneo Sr. Dn. Juan Montalvo, que yacen ahora en el Cementerio Municipal de la muy noble y generosa ciudad de Guayaquil; es de deber mío contribuir a la realización de tan patriótica idea facilitando en lao posible la colecta de dichos fondos por un medio más práctico y de más seguro resultado, cual es el de publicar y poner en venta a precio razonable uno o dos de los pocos manuscritos inéditos que del mismo Sr. Montalvo he conservado por largos años con religioso respeto y como recuerdo querido del maestro a quien el honor de servirle de Secretario, mereciendo siempre su amistad y confianza.
La edición de la obra tenía como motivación recoger fondos para levantar el mausoleo que posteriormente diseñó y construyó mi abuelo arquitecto y ajedrecista.
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| Jorge Mideros Almeida |
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FOTOGRAFÍAS DE MI ABUELO Y SU OBRA
ARCHIVO: LA COLECCIÓN DE PAPÁ |
Barleycorn, St. George, Calvert, Dublín y muchos otros.
«¿Hay hombre más ridículo, molesto e insufrible que ese que anda llenando de carcajadas tiendas y casas con motivo de sus propias sutilezas? Pues yo afirmo que, aun cuando tenga alguna malicia intelectual, ese es un tonto, o por lo menos un necio. Querer reír de todo, en todas partes y a cada instante, ¿qué es sino pobreza de espíritu? Los bufones antiguos tenían obligación de hacer reír a sus amos y así andaban de caza de donaires mediante los cuales vivían a mesa y mantel en los palacios. Semejantes empleados habrán sido del gusto de los príncipes bárbaros de la edad media, pero en el día no es aceptable un enano burlón y estrepitoso, y mucho menos cuando sus ingeniosidades no siempre tienen la sal en su punto. Yo aguanto de buena gana el hazteallá de un hombre rostrituerto, primero que el genio viscoso y pegadizo del que no puede saludar sin prorrumpir en una risotada. Lo mismo da que en vez de reírse alto y grueso, se rían entre las barbas ese ji ji quebrado y nudoso con que algunos pícaros nos embarran el alma, como si nos echaran sobre ella hilos de miel empalagosa y dañina. Huid como del zorro de ese viejo barbirrucio y grasiento que se empieza a reír pausadito y cortado desde que os descubre a una calle de distancia; se ríe al ver un conocido, se ríe al saludarle, al preguntar por salud, por la familia. Le responden que está bien, se ríe; que está mal, se ríe: envía memorias, y se ríe; se va, y se ríe. Algo se había de olvidar, allí vuelve; no se había reído todo. Si su infeliz interlocutor, su víctima, no alarga el paso y tuerce la esquina, le llamará otra vez, para reírse de adición; mientras el cielo le dé barbas, no le ha de faltar una posdata. Me parece que si se las arrancaran de cuajo, dejara de reírse, porque esos ji ji vivarachos y espeluznantes que salen como lagartijas de su boca, necesitan una maleza por donde retozar y esconderse. Le piden un servicio, lo niega riendo; le hacen un favor, lo recibe riendo, y riendo murmura del que se lo acaba de hacer. La risa es el cuchillo con que asesina al ausente, el falso juramento con que engaña al presente. Ancha su cara como la rodela de don Quijote, aborrascadas y cenicientas sus barbas como las de Hudibrás, se ríe hasta con esos ojillos de color celeste. Y cuando habla de queja, cuando rememora la ingratitud de sus favorecidos, los bienes que ha hecho a sus semejantes sin que su propia mano izquierda lo supiese, entonces llora; pero como el llorar de una manera absoluta sería perder tiempo de reírse, llora con el un ojo y con el otro se ríe, como el personaje de Labruyère. La risa no se alberga sola en el laberinto de sus barbas; duerme en la misma cama con la mentira y la difamación, y juntas se levantan muy temprano, para acostarse muy tarde entre las mil sabandijas que pululan en ese chaparro de brujas. Si este viejo se riera alto, grueso, furibundo, como ese otro enano, yo todo lo perdonara, ¡todo! Pero ese reído de culebra, aguloso, quebrado, añudado como un quipo; ese trotecito impertinente e interminable de la boca con el cual se va camino del mal del prójimo, eso no hay quien le sufra. A menos que el del reír aguda se encuentre con el reír gordo y pringoso: éstos sí que se comprenden y complacen de hallarse juntos, para reírse, el uno como violín, el otro como violón; el chiquito, como se riera un elefante; el grande, como se riera un caballo de ajedrez, trocando los frenos en el reír, conformes en el mentir y el difamar.»
Pamplona, junio de 2022
Categorías: Ajedrez y cultura, Ecuador, Historia del ajedrez



















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