AJEDREZ DE GALAPAGOS
MATERIAL: TAGUA
TIPO: ARTESANAL TALLADO A MANO
ORIGEN: ECUADOR AÑO: 2013
TAMAÑO DEL REY: 5.9 cm
(actualización marzo de 2026)
Las islas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1900 y en el 2000 por la UNESCO. El archipiélago tiene como mayor fuente de ingresos el turismo y recibe 200 000 turistas al año. También se ha desarrollado el turismo ecológico con el fin de preservar las especies. La región fue el hábitat de El Solitario George, el último espécimen de la especie de Tortuga Gigante de Pinta, extinguida el 24 de junio del 2012. Las islas también son hábitat de especies como tortugas marinas, iguanas, lagartos, cormoranes, albatros, leones marinos y pingüinos.
Galápagos es conocida por sus numerosas especies endémicas y por los estudios de Charles Darwin que le llevaron a establecer su teoría de la evolución de las especies por la selección natural. Son llamadas, turísticamente, Las Islas Encantadas, denominación que se ganó el archipiélago en el siglo XVI por su grandiosa biodiversidad de flora y fauna, heredando el nombre por generaciones.»
La
tagua, también conocida como nuez de marfil o marfil vegetal, es el
nombre común que se da a la semilla de la palma Phytelephas macrocarpa,
que crece en los bosques húmedos tropicales de la región del Pacífico,
especialmente en Panamá, Colombia y Ecuador.
endosperma pulido de la semilla se parece muchísimo al marfill, a pesar de sus propiedades completamente distintas. En
Ecuador, la especie utilizada para la obtención de tagua es la variedad Phitelephas
aequatorialis, que existe en la zona subtropical entre los Andes y la costa ecuatoriana especialmente en la provincia de Manabí.

Fotografía: Sergio Coellar Mideros, Pamplona, 16 de marzo de 2026
La poderosa Casa Tagua Alemana proveedora exclusiva para Europa y el resto del mundo por más de 50 años, descubrió en América una gran fuente de abastecimiento, hallazgo que le indujo a establecer centros de acopio a lo largo de las costas ecuatorianas de donde se transportaba el material a bordo de veleros mercantes que navegaban desde Ecuador a través del Estrecho de Magallanes, avanzando por las costas africanas y finalmente desembarcando en Hamburgo.
El descubrimiento de los alemanes en torno a la exuberante mina de tagua ecuatoriana, es un secreto que fue cuidadosamente guardado durante todos estos años, dando como resultado un período de monopolio debido a la equivocada creencia de que el marfil vegetal tenía el mismo origen del marfil animal el Continente Africano.
Dos eventos de gran importancia durante la segunda década del siglo XX cambiaron el panorama de los negociadores en la historia de la tagua: el primero fue la invención de las embarcaciones mecánicamente propulsadas por hélices, que desplazaron a las antiguas naves impulsadas por el viento; y el segundo fue la apertura del Canal de Panamá, el cual abrió las puertas del nuevo continente al mundo. En consecuencia, la tagua ecuatoriana quedó a disposición de todos los productores, quienes explotaron dichos recurso e invadieron el mercado con elaborados botones cuya calidad se impuso con absoluto liderazgo sobre el uso de cualquier otro material para esta aplicación en la plaza mundial.
Durante la segunda guerra mundial, este producto fue utilizado en la fabricación de ropa industrial y por la Armada de los EEUU. La tagua ya era utilizada 200 años antes en elaboración de figuras religiosas, pipas, juegos de ajedrez, etc.
La semilla de tagua (tagua pelada) ha sido tradicionalmente cosechada y exportada desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad.
Esta inicia alrededor de 1865 con un primer cargamento de tagua pelada que fue enviado hacia Alemania; este llega al puerto de Hamburgo por casualidad. Según lo relata Acosta-Solís (1944), un barco de vapor alemán de viaje de regresó a Hamburgo, a falta de cargamento, utilizó como lastre varias toneladas de tagua obtenidas en Ecuador. Una vez en territorio europeo, el material llamó la atención a los alemanes quienes encontraron un uso comercial: la elaboración de botones. Posterior a 1865, la exportadora alemana Casa Tagua Handelsgesellschaft se asentó en la costa ecuatoriana (Manta, Bahía de Caráquez, Manglaralto, Pto. Cayo, Machalilla, Muisne, Borbón) y se constituyó en la proveedora exclusiva de tagua para Europa y el mundo por más de 50 años. Durante este período, la Casa Tagua exportó millones de toneladas de la tagua pelada, sin procesar, hacia Europa.
El origen geográfico de la tagua fue un secreto cuidadosamente guardado por las empresas alemanas, asegurándose de esta forma el monopolio de este recurso en Europa; se protegieron así principalmente de las empresas manufactureras italianas quienes eran las principales compradoras de tagua para elaboración de botones. El periodista y escritor Ricardo de la Fuente (2007) narra que la familia Zanchi, manufactureros italianos, cansados por la hegemonía comercial de la tagua por parte de los alemanes, emprendieron la búsqueda de la “patria del corozo”, y enviaron a finales del siglo XIX a Giovanni Zanchi a investigar el origen del mismo en los puertos de Dakar en África, Panamá y la costa sudamericana. El espionaje comercial de la familia Zanchi dio resultados, y el origen de la tagua fue develado.
En 1914, la apertura del canal de Panamá y el desarrollo naviero con barcos propulsados por hélices, facilitó la apertura de nuevas rutas comerciales que favorecieron la comercialización de la tagua y el arribo de nuevas empresas exportadoras al país, en particular de origen italiano y norteamericano. En el año 1915, la Societá Italiana Scambio Prodotti Estero (SISPE) se estableció en Manta con el objetivo de impulsar la comercialización de tagua y otros productos entre Ecuador e Italia. En particular, la SISPE impulsó la implementación de cortadoras de tagua para la elaboración de fases previas de botones (animelas); de esta manera, promovió un gran cambio entre las exportaciones previas de tagua pelada hacia la exportación de productos semi-elaborados.
A finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del siglo XX, la tagua llegó a ser el segundo producto de exportación del país, seguido del cacao, y constituyó para el campesino del litoral una fuente importante de recursos (Acosta Solís, 1944). En Ecuador la producción tuvo su mayor pico en el año 1929 donde las exportaciones totalizaron hasta 25 000 toneladas métricas a un valor de más de USD 1.2 millones (correspondientes a más de USD 15 millones en precios actuales, Borchsenius & Moraes 2006). Para el año 1930, Italia era el principal importador de tagua, seguido de Estados Unidos y Alemania; para este mismo año, el volumen total de exportación de tagua pelada llegó a 19 000 toneladas métricas.
El auge exportador decayó significativamente con el inicio de la II Guerra Mundial (1939- 1945). Las aduanas del puerto de Esmeraldas reportan para el año 1943 una reducción significativa de la exportación de tagua pelada, pues, se exportó apenas 398 toneladas métricas; y las aduanas del puerto de Manta registran un volumen de exportación de 6700 toneladas métricas de tagua, volúmenes considerados bajos para el comercio de tagua. Después de la II Guerra Mundial, la producción declinó drásticamente, especialmente a causa del desarrollo de una nueva materia prima: los polímeros sintéticos y en particular la baquelita (Acosta Solís, 1944). Sin embargo, la industria botonera no desapareció completamente. Para el año 1969, se reestructuró el mercado de la tagua apoyándose en las grandes casas de moda europea como Versace, Yves Saint Laurent, Valentino, Dior, entre otros; quienes impulsaron el uso de botones de tagua en la alta costura, tendencia que perdura hasta hoy día. En la actualidad, Ecuador exporta eventualmente una cantidad baja de tagua pelada. El principal producto de exportación derivado de la tagua constituye las animelas o botones semi-procesados. Para el año 2010, Ecuador exportó 1200 toneladas de animelas con un valor de USD 12 705 000 (precio FOB), monto que representa el 0,05 % del total de exportaciones del país para el año 2011 (Banco Central del Ecuador, Estadísticas 2011); sus principales mercados fueron Italia, Hong Kong, China y Corea del Sur.
En la actualidad, la exportación de animelas de tagua es una actividad marginal de la economía ecuatoriana. Las principales procesadoras de tagua se asientan en la ciudades de Manta y Portoviejo. La industria botonera es la que mayor cantidad de materia prima demanda: empresas pequeñas productoras de animelas requieren de 80 quintales de tagua por mes; mientras que grandes empresas llegan a demandar hasta 800 quintales por mes. No existe una estimación precisa sobre el número de empresas involucradas en esta actividad; no obstante, en la región de Manta se estima que existen 15 empresas grandes, 5 medianas y 200 informales (Diario Hoy, 25 de junio del 1999). Adicionalmente, se estima que unas 35 000 y 10 000 personas están involucradas, directa e indirectamente, en las actividad “tagüera” en Manabí y Esmeraldas, respectivamente (Villavicencio & Chávez, 2006-2007).
En la mayoría de los casos, las empresas compran tagua a intermediaros (acopiadores). Un quintal de tagua (con cáscara) se cotiza entre 11.30 a 15 USD (precio 2011); a 25 USD con tagua sin cáscara (pelada) y hasta 30 USD un quintal de tagua seleccionada.
https://www.puce.edu.ec/wp-content/uploads/2021/04/Revista-Nuestra-Ciencia-15.pdf
La Casa Tagua no solo compraba y vendía materia prima, era símbolo de modernidad y conexión con el mundo. En ese mismo edificio operó la naviera Norddeutscher Lloyd, encargada de coordinar la llegada y salida de cientos de buques que atracaban en el puerto durante décadas. Por esas oficinas pasaron documentos, contratos y decisiones que movían grandes sumas de dinero y definían el ritmo comercial de la ciudad. Manta, pequeña pero estratégica, se integraba así a rutas marítimas internacionales. Sin embargo, la historia dio un giro brusco con la Segunda Guerra Mundial. Las empresas de origen alemán, italiano y japonés ubicadas en territorios aliados fueron intervenidas y señaladas como cercanas al Eje. Muchas terminaron confiscadas, rematadas o absorbidas por el Estado.
Hoy ese edificio antiguo, situado frente al Palacio Municipal y ahora en manos del IESS, permanece en silencio, como si aguardara que alguien vuelva a contar lo que vivió entre sus paredes. Su estructura aún conserva la elegancia de otro tiempo, pero el abandono amenaza con borrar lo que representa. No es solo una construcción vieja, es el testimonio de cuando la economía local dependía del vaivén de los barcos y del comercio internacional. La memoria de la Casa Tagua habla de trabajo, de conexiones lejanas y también de conflictos globales que repercutieron en esta esquina del Pacífico. Dejarlo caer sería permitir que una parte clave del pasado se diluya sin resistencia. La responsabilidad de protegerlo y difundir su historia debería asumirse con decisión, antes de que el deterioro termine por apagar uno de los capítulos más intensos del puerto mantense. cuando la tagua manadaba en el puerto
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| Bosco Vera Delgado |
Pamplona, noviembre de 2014
Categorías: Figurativos, Historia del ajedrez, La Colección





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