Corta historia de la llegada del ajedrez al


AL-ANDALUS

ZIRYAB




Aprovecharemos esta entrada para viajar en la historia al Siglo IX  al Califato de Córdoba, cuando
de la mano de Ziryab llega el ajedrez al Al-Andalus




«El
ajedrez entra en España en el año 821, de mano de Ziryab, músico persa
invitado de Al-Haquem I y que se convirtió en favorito de Abderramán
II.
 
 

Ziryab y su familia huyeron de Bagdad a Egipto y 
cruzaron el norte de África hasta Kairouan en la actual 
Túnez, sede de la dinastía aglabí de Ziyadat Allah I.


Ziryab,
huyendo rocambolescamente de los celos de su maestro cruza el mundo
islámico desde Bagdad al norte de África, desembarca en Algeciras y
llega a Córdoba trayendo todo el refinamiento de la corte Abasí:
etiqueta en el vestido y en la comida (se empiezan a utilizar los
cubiertos), las últimas tendencias musicales, el nuevo ambiente
intelectual (más cosmopolita y liberal en muchos aspectos que el de la
corte omeya) y, lo que más nos interesa: el ajedrez, que se acaba
convirtiendo en el juego cortesano por excelencia y, con el contacto
guerrero, comercial y migratorio -cristianos que huyen de las
persecuciones religiosas de Al-Ándalus acaba transmitiéndose enseguida a
los reinos cristianos de la Península, de modo que el propio Armengol,
primer conde de Urgell, en un testamento de guerra del año 1010, lega a
la iglesia «sus juegos de ajedrez». 

 
Este
documento se conserva en el Archivo Histórico de la Corona de Aragón, y
Carmen Romeo, a quien debemos este precioso dato, sostiene, con toda la
razón, que, cuando se habla de varios juegos es porque el ajedrez era
muy popular en su corte; además, el hecho de que hiciera donación de
ellos a la iglesia en un momento tan delicado, supone, clarísimamente,
la conciencia de que se trataba de algo valioso. También han aparecido
piezas sueltas en algunos monasterios, que parecen datar de esta época.
La escasez de documentos no nos autoriza a pensar que el caso del conde
de Urgel se tratara, ni mucho menos, de un hecho aislado .» (Manual de Ajedrez – Comunidad de Madrid-2006) 
 
 

Veamos
algunas reliquias de conjuntos de trebejos que se conservan en España, 
que se corresponden a la época posterior a la llegada del ajedrez a la península
Ibérica.
 

http://museudelleida.cat/wp-content/uploads/2013/09/escacs1.jpg

  • Cristal de roca
  • Siglo X-XI (periodo fatimí)
  • Ex Colegiata de San Pedro de Àger (La Noguera)
Excepcional
conjunto de piezas de ajedrez de cristal de roca procedente de la ex
Colegiata de San Pedro de Àger.  Está documentado en el año 1068 en el
inventario de bienes de Arnau Mir de Tost y de su esposa Arsenda. Era un
producto considerado de lujo en su tiempo, básicamente por el material
con el que fue ejecutado. Este tipo de manufacturas llegaban a la
Península a través de los circuitos comerciales con Oriente y el norte
de África.

A finales del año 1886 el ajedrez de Àger se dio a
conocer a la comunidad científica. Poco después se inició su proceso de
venta y dispersión. Así, en 1893 una parte del conjunto ingresó en el
antiguo Museo Diocesano de Lleida, mientras que un segundo grupo de
piezas pasaron al mercado del arte. Hoy se custodian en el Museo
Nacional de Kuwait
(colección al-Sabah).
http://museudelleida.cat/es/collection/al-andalus/page/2/



 

Ajedrez Fatimí del Tesoro de San Rosendo. FOTO: Mani Moretón
 
«En la Catedral de Ourense se conserva, entre sus joyas, un singular
ajedrez de cristal conocido como Ajedrez Fatimí, que pertenece al Tesoro
de San Rosendo.

El investigador considera que estas piezas de
ajedrez debieron llegar al monasterio celanovés entre los años 938 ó
977, en caso de que perteneciesen a San Rosendo. La producción de
cristales de roca egipcios, entre ellos las piezas de ajedrez, indica el
autor de la investigación, se ubica, siguiendo a K. Erdmann, en un
abanico temporal que abarca desde el período pretuluní, es decir, antes
del año 868 y el final del fatimí, 1171.



Valdés
refiere que las piezas de ajedrez de la catedral ourensana pudieron
haber sido propiedad del santo fundador de Celanova, Rudesindus, pero
también pudo tratarse de un regalo dado a Celanova por algún familiar
directo de Rosendo o por los reyes de León. También pudo ser un ingreso
del monasterio celanovés una vez muerto el santo y, por tradición,
asociado a él.

El ajedrez ourensano, como los otros dos citados,
no está completo. El de Celanova pudo haber tenido más piezas pero no
necesariamente, dice Valdés, añadiendo que también está por ver que
sirviese para practicar dicho juego de mesa. Cree que las piezas que
faltan pudieran estar hechas de material menos duradero y se han
perdido. El conjunto conservado en la catedral auriense consta de ocho
piezas con el número de catálogo 1164F. Tienen una altura de 44
milímetros, anchura de 27,5 milímetros y una longitud de 41 milímetros.
Cada pieza pesa 93 gramos. En Ourense se conservan una torre, un alfil,
un caballo y cinco peones. Es realmente uno de los conjuntos más
llamativos de cuantos atesora el Museo de la Catedral de San Martiño.» http://jesus-manuel.com/tag/ajedrez-fatimi/




«Entre
todos estos hallazgos, el más antiguo corresponde a las piezas de San
Genadio, que fueron descubiertas en 1923, aunque desaparecieron y se
dieron por perdidas… pero un investigador nunca se da por vencido y
Miguel Ángel Nepomuceno, en 1958, decidió que había llegado el momento
de volver a sacar a la luz estas piezas históricas. Siguió la pista de
las piezas y sus pesquisas le llevaron hasta el Monasterio de Santiago
de Peñalba (León). Allí las encontró y supo que un lugareño las había
guardado en una caja de zapatos durante todos esos años, evitando de
este modo que se perdieran o fueran destruidas por descuido. Esta fue la
foto que realizó de su descubrimiento:


 




Las
piezas de San Genadio son de origen mozárabe y datan del siglo X,
aunque probablemente sean del IX. Fueron talladas en cuerno de cabra y
su diseño es muy simple, acorde a los juegos de ajedrez de aquella
época. Los reyes y damas tenían forma de trono. No hay que olvidar que
algunas culturas prohibían realizar figuras de sus reyes o gobernantes,
por lo que en sus ajedreces nunca se verían figuras. Los caballos se
diferencian del resto por una simple protuberancia, que puede
representar la cabeza del animal, y las torres solían llevar una muesca
en forma de V.




Las cuatro piezas de San Genadio, del
siglo IX,




guardadas en un lugar de la comarca de





 El Bierzo (León). Bierzo Prerrománico





Este
descubrimiento no estuvo exento de polémica. El investigador Ricardo
Calvo había conocido las piezas de mano de Nepomuceno, que le enseñó las
fotografías que había realizado. Sin embargo, Ricardo publicó un
artículo que trataba sobre las piezas en el que parecía dar a entender
que el descubrimiento había sido suyo y en el cual no mencionaba a
Nepomuceno. Con el paso del tiempo se ha restablecido el orden y la
compañera de Ricardo Calvo, Carmen Romeo, ha publicado una rectificación
(Ricardo había fallecido años atrás) en la que reconoce que el
descubrimiento lo realizó Miguel Ángel.Jean-Louis Cazaux ha hecho una
interesante recopilación sobre distintos juegos de piezas de ajedrez
encontrados en Europa, entre los que se encuentra las piezas de San
Genadio. Lo podéis ver en: Abstract chess pieces.
» http://www.ajedrezdeataque.com/04%20Articulos/00%20Otros%20articulos/Nepomuceno/Piezas.htm




http://history.chess.free.fr/images/medieval/jlc-chess%20diffusion%20in%20Europe.jpg


La
introducción del juego de ajedrez se produjo a través de al-Andalus
hacia el resto de la Península Ibérica y Europa.  Se conoce desde el
siglo IX, quizá traído al área hispanomusulmana por el erudito personaje
iraquí, Ziryab. El juego se extendió de forma muy popular rápidamente, y
fueron recopiladas todas sus características en los “Los libros de
ajedrez, dados y tablas” por el rey Alfonso X el Sabio.
Esta pieza
es un símbolo más de cómo la cultura hispanomusulmana sirvió de puente
entre oriente y occidente. Realizado en madera de nogal, presenta
decoración de taracea en ambas caras. El tablero tiene un juego por cada
cara. En una de ellas presenta un tablero de ajedrez y por la otra de
tablas.
El lado del juego de ajedrez está decorado con un marco
sobresaliente rematado con clavos, en el centro el damero para jugar,
dejando a los lados dos espacios rectangulares con tres estrellas de
ocho y entre ellas cuadrados en diagonal con decoración de ajedrezado
también de taracea. En la otra cara, el juego de tablas, distribuye los
casilleros en los lados mayores recortados en forma semicircular en el
marco. Se separan las dos mitades por una prolongación hacia el interior
del marco en forma de palma. Esta cara, presenta una decoración similar
a la anterior, a base de estrellas de ocho puntas con cuadrados
ajedrezados en diagonal. Presenta tres estrellas a cada lado y en el
centro un tema de lazo mayor.»

 
 
¿Quién era Ziryab? Este misterio nos será develado con la siguiente magnífica reseña: 



El enigmático Ziryab, un hombre excepcional

martes, 11 de octubre de 2011 




Siempre
ha habido hombres que han ido por delante de la sociedad, a ellos les
debemos los avances producidos en todos los órdenes de la vida, Galileo,
Da Vinci, Colon, Guttemberg…etc, en nuestra ciudad hace ya muchos
siglos paseo uno de estos seres influyentes, su paso nos dejó
tradiciones imborrables y formas de concebir la vida que se han
mantenido hasta la actualidad, se le conoció como Ziryab, incluso una
calle conserva su recuerdo, pero ¿ quién fue, de donde vino, que
hizo…?


Fue
un personaje mítico en la historia del mundo árabe. Además de inventar
la música andalusí, fue el responsable del refinamiento que consiguió
Al-Andalus en el siglo IX. Cuando en Europa ni se lavaban, en Córdoba
había 600 baños públicos y una biblioteca con más de 400.000 volúmenes
catalogados.

¿Y cómo contribuyó Ziryab a este esplendor?


Enseñó
a disponer la mesa, a servir y presentar los platos, publicó un
calendario de moda con los colores y tejidos de cada estación… Incluso
animó al sultán a sustituir las copas de oro por las de cristal para
poder contemplar el vino al beberlo.


El
verdadero nombre de Ziryab era Abul-Hasan Alí ibn Nafí, había nacido en
Mesopotamia el año 789; era llamado Ziryab debido a su tez oscura y su
hermosa voz que recordaban a un pájaro cantor de plumaje negro, el
mirlo. 

 

Fue discípulo de Ishaq al-Mawsulí, músico predilecto del
Califa de Bagdad, Harun al-Rashid, devoto de la música, quien pide al
maestro que lleve a su presencia a su mejor discípulo. La actuación de
Ziryab ante el Califa causó tal impresión en este que su maestro muerto
de celos le dio a elegir entre dos alternativas: o establecerse lejos de
Bagdad y no volver nunca o quedarse allí y atenerse a las
consecuencias. Ziryab optó por el destierro, viajó por las ciudades de
Siria y el norte de África, el Cairo, cruzó los desiertos de Egipto,
pero donde quiera que iba lo precedía la gloria creciente de su nombre.
Escribió al emir de Córdoba, al-Hakam II para ofrecerle sus servicios,
quien acepto inmediatamente. Cuando llegó a Córdoba el emir había
muerto, pero su sucesor, Abd al-Rahman IV le renovó la invitación de
quedarse en la corte.

Atrás quedarían para siempre la vida
errante y las desventuras, el emir le ofreció un palacio y un sueldo
mensual de doscientas monedas de oro, más otras prebendas, todo esto sin
haberlo oído cantar. En Córdoba Ziryab encontró la prosperidad, el
reconocimiento de su arte y una fama sin precedentes. Hombre de fuerte
personalidad transformó costumbres e influyó en el vestido, la cocina o
el mobiliario. Su aportación musical fue extraordinaria, creó el primer
conservatorio del mundo islámico, realizó invenciones técnicas y creó
los cantos árabes conocidos como nubas, aún presentes en los cantores
marroquíes e incluso en algunos giros del flamenco español. Falleció en Córdoba en el año 857.


Abul-Hasan
Ali ibn Nafi` (en árabe, أبو الحسن علي ابن نافع), fue un poeta,
gastrónomo, músico y cantante árabe, de posible origen kurdo, aunque
según otras fuentes era un liberto de ascendencia negra . Fue famoso por
las refinadas costumbres orientales que introdujo en la corte
cordobesa.


Sus
innovaciones musicales tuvieron también una fuerte influencia. Según el
arabista Emilio García Gómez, con Ziryab entraron en Hispania las
melodías orientales de origen grecopersa que serían la base de buena
parte de las músicas tradicionales posteriores de al menos una parte de
la Península Ibérica.
 


Con
Ziryab, la alta sociedad cordobesa aprendió además las más exquisitas
novedades de Oriente: peinarse con flequillo, recetas de la cocina
bagdadí , y manteles de cuero fino.

El escritor español Jesús
Graus da forma en “Ziryab y el despertar de Al-Ándalus”, a una novela
histórica que transita sobre el reinado de Abderrahmán II de la mano del
músico árabe que da nombre a la obra. En su libro lo muestra como el
primero que abrió Al-Ándalus a la corte de Bagdad, que absorbía todo el
conocimiento de la Grecia antigua y que transformó una corte «aún
medieval y oscura» en el reino de los placeres. Considerado por los
historiadores occidentales como el Petronio de la España musulmana,
Ziryab introdujo además el refinamiento «propio de un esteta», asegura
su autor. Así, fundó una casa de belleza con las tendencias del peinado
masculino y femenino, enseñó a la elite de Al-Ándalus el arte de
ornamentar los platos, además de novedades culinarias como los dulces
árabes, las albóndigas de carne y el uso de productos depilatorios o
dentífricos, hasta entonces desconocidos en el reino.

Enseñó a
los señores de Córdoba que los vasos de cristal eran más apropiados para
degustar el vino que las pesadas copas de oro, y que los platos de un
banquete no deberían probarse en un grosero desorden, sino obedeciendo a
una grabación ritual que comenzaba en las sopas y los entremeses,
seguía con los pescados y luego con las carnes y concluía con los
golosos postres de los obradores de palacio y las diminutas copas de
licor.
Les enseñó a deleitarse con el sabor de los espárragos
trigueros, que ellos ignoraban, aunque sus tallos crecían
espontáneamente en Al-Andalus, y con guisos de habas tiernas. Legó a la
ciudad el plato que lleva su nombre “ziriabi” o asado de habas saladas.

Dictaminó que desde mayo a septiembre convenía vestirse de blanco, y
que los tejidos oscuros y las capas de pieles debían reservarse para los
meses de invierno. Les enseñó el gusto por el cuidado del cabello, la
manicura y la limpieza y la suavidad de la piel, llegando a fundar un
instituto de belleza además. También fue el que introdujo el juego del
ajedrez en Al-Andalus.


Algunas costumbres y supersticiones persas que vinieron con él todavía
perduran: el juego del polo, el temor a los antojos de las embarazadas,
la certidumbre de que los niños que juegan con fuego se orinan en la
cama y que ingerir rabos de pasa es bueno para la memoria, el miedo a
los espejos rotos y al número trece.

Zyriab creó las primeras
escuelas de canto, desarrollando un método de educación vocal que
establecía fases de vocalización, frase, declamación y lírica. Añadió
una quinta cuerda al ´ud (coincidiendo con las especulaciones de Al
kindi) e introdujo la pluma de ave para tañerlo. Sus enseñanzas sobre
música e instrumentos tendrían gran influencia sobre sus contemporáneos
cristianos.Pero la máxima aportación de este personaje a la música árabe
fue la creación de la nawba, una especie de suite clásica ( vocal e
instrumental ) que englobaba influencias cristianas, judías y bereberes,
con el clasicismo oriental como base.

Semejante capacidad
intelectual inundo nuestra Córdoba de antaño, un hombre que marcó una
época llenándola de tintes nuevos, pionero de costumbres que se
arraigarían en nuestra cultura para siempre. Un personaje de esos que
hacen avanzar a la humanidad. “


 
 
A continuación presentamos un extracto tomado del artículo de Manuel Azuaga, publicado en https://www.diariosur.es
 

Ziryab, la leyenda del mirlo negro

La historia cuenta que un esclavo iraquí, conocido por su exquisito canto, introdujo el ajedrez en Al-Ándalus

MANUEL AZUAGA HERRERA Domingo, 9 mayo 2021


 
 


Ziryab huyó de Bagdag con su familia. En una mano llevaba el laúd más hermoso jamás concebido. Y en la otra, un tablero de ajedrez.

Antes de su marcha, Ziryab escribió al emir de Córdoba, Al-Hakam I, y le ofreció sus servicios y talento. Al-Hakam I, ansioso por incorporar a su corte un músico procedente de Bagdag, no solo aceptó, sino que le prometió a Ziryab un salario mensual y otros tantos privilegios. Es importante subrayar que, en aquel momento, Córdoba era la joya de la corona de Al-Ándalus y se había convertido en una de las capitales más influyentes del mundo árabe. Algunas crónicas hablan de la existencia de más de 300 bibliotecas en la ciudad y sabemos que la mujer andalusí gozaba de una libertad incomparable. Como en un cuento lírico, cristianos, judíos y musulmanes convivían pacíficamente. Javier Bermúdez lo describe de forma muy gráfica: «Córdoba era la Nueva York del siglo nueve». En su periplo, Ziryab viajó por tierras sirias y tunecinas hasta llegar a El Cairo, atravesó los desiertos de Egipto y, siguiendo las rutas comerciales, navegó hasta Algeciras, donde arribó en el año 822. Nada más llegar, se enteró de la muerte del emir Al-Hakam I. Afligido por la noticia, Ziryab pensó en desandar el camino, pero el nuevo emir, Abderramán II, envió a un músico de su corte para darle la bienvenida a Ziryab. Entretanto, en Bagdad, el califa Al-Rashid preguntó una y otra vez por el paradero de aquel joven de canto extraordinario, pero el maestro Al-Mawsili tenía en mente una falsa coartada: «Se ha vuelto loco», le dijo. «El pobre piensa que puede hablar con las divinidades y se ha marchado de repente».

Al-Rashid no pudo disfrutar de nuevo del canto del mirlo negro, tampoco de su destreza en el arte del ajedrez. Y es seguro que hubieran jugado juntos, pues el califa tuvo maestros ajedrecistas en su círculo de influencia. Años antes, el propio Al-Rashid le había regalado al emperador Carlomagno un hermoso tablero con las piezas talladas en marfil. Este interés de Al-Rashid por el «shatranj» pasó a uno de sus hijos, el califa Al-Mamún, quien se convirtió en un jugador notable. En cierta ocasión, Al-Mamún se lamentó: «Es asombroso que, a pesar de dominar un mundo que se extiende desde el Indo, en el este, hasta Al-Ándalus, en el oeste, no pueda yo gobernar treinta y dos figuras de ajedrez en una extensión de tan pocos cuadrados».

Ziryab y Abderramán II se hicieron inseparables y fraguaron una amistad que duró 30 años, hasta la muerte del emir. En ‘Córdoba de los Omeyas’ (Planeta Editorial, 1991), Antonio Muñoz Molina escribe este precioso pasaje: «El papel, la seda, la sabiduría, los libros, llegaban siempre de Oriente, de la casi infinita Bagdad, de donde había venido en tiempos de Abderramán II el músico Ziryab, de Bizancio, cuyos emperadores enviaban a los emires de Córdoba quintales de piedras de mosaicos y libros más valiosos y únicos que la gran perla al-Jatima». En su culto por la belleza, Ziryab pidió expresamente que todos los cortesanos del califa aprendieran a jugar al ajedrez. Es por ello que suele decirse que Ziryab fue el primer árabe que trajo el noble juego a la península. Quizás rompa el encanto literario de esta leyenda, pero me consta que no fue así. Aunque, para la historia que nos ocupa, tampoco importa tanto porque, si bien no fue el primero, sí que influyó como ningún otro en la expansión del ajedrez por Al-Ándalus y el resto de Europa. 



 
Jorge Benítez en Nieve Negra, nos deleita con «El mirlo negro», un capítulo dedicado a Ziryab:
 
«El mensajero que trajo el ajedrez a Europa era una combinación de Messi y Julio Iglesias.  Hoy los horteras lo llamarían influencer, tendría millones de seguidores en las redes sociales y anunciaría la llegada de la Primavera en el Corte Inglés.
A él le debemos el temor al número 13 y a los espejos rotos.
«No
existió ni antes ni después, alguien que en su oficio haya sido más
querido y admirado», escribió de él el historiador árabe Al-Maqqari en
el siglo XVII, casi setecientos años después de su muerte.
Llegó
hasta nosotros Ziryab (789-857) con su música y un tablero de ajedrez,
juego que había aprendido en la corte de Harún al-Rashid,el califa de
Bagdad protagonista de Las mil y una noches, huyendo del jaque de la envidia, que es el más peligroso.

El
primer tablero que se vio en Europa era monocromático.  No estaba
dividido en casillas negras y blancas.  Las reglas que trajo Ziryab de
oriente diferían en algunos aspectos de las actuales.  En el ajedrez
islámico capturar todas las piezas a excepción del rey contaba como
victoria, siempre y cuando el rey no se quedara solo en el siguiente
movimiento, y la jugada del enroque (…)todavía no se había implantado.
El
islam no solo propagó el ajedrez desde Persia al ritmo de sus
conquistas militares sino que lo dotó de prestigio.  En la Casa de la
Sabiduría de Bagdad, donde se rendía culto a la investigación científica
y a la filosofía de los antiguos griegos eran promocionados los mejores
jugadores.  Estos adquirieron el sobrenombre de alyat, título
moral que equivalía al de maestro.  Al legendario Harún al-Rasgid, el
califa que se enamoró de la música juvenil de Ziryab, le había sucedido
Al-Mamún, quien como buen líder medieval. no admitía dudas sobre su
legitimidad.  Para evitar problemas dinásticos, aprovecho que su hermano
estaba entretenido jugando al ajedrez y mandó a que le cortaran la
cabeza. (Jorge Benitéz señala que Fernando Pessoa recrea este episodio en su poema » Los jugadores de ajedrez»)
 
En cuanto a su nombre, el juego de reyes mantuvo la raíz  arábiga (shatranj) cuando cruzó la frontera de reino de León llamándose primero axatraz y más tarde axedrez.  Al otro lado de los pirineos tuvo más éxito su denominación latina, ludo scacorum (juego de escaques), que iría mutando con el progresivo roce de las distintas lenguas que fue encontrando: eschecs (francés), scachi (italiano), chess (inglés) Schachspiel (alemán) y szachy (polaco).

Al
contrario que los musulmanes, a quienes el  Corán desanconseja el
tallado de figuras, los cristianos adoptaron una iconografía mas literal
en el tablero, totalmente distinta a las figuras geométricas importadas
del islam
l.  También se produjeron modificaciones en los nombres que
combatían.  El elefante fue sustituido por el alfil, aunque en los
países sajones el animal se convirtió en obispo y en Francia, tan suya
siempre, en bufón (le fou). La reina derrocó al visir.»
Benítez, J. «Nieve negra -Dioses, héroes y bastardos del ajedrez» Libros del K.O. S.L.L- Madrid, España, 2020
 

Ziryab y el origen persa del ajedrez 

 por Uvencio Blanco Hernández

07/08/2020 – Cuando los árabes conquistaron y ejercieron su dominio en Persia, a mediados del siglo VII, la popularidad del ajedrez creció; de tal manera que, ya para el S. VIII aparece el juego a cuatro o ajedrez persa. Hay que recordar que el ajedrez había llegado a la Península Ibérica de la mano del cantor persa Ziryab (789-857), procedente de Bagdad y quien recaló en Córdoba en la corte de Abderramán II (792-886). Artículo por Dr. Uvencio Blanco.  

 

Cuando los árabes conquistaron y ejercieron su dominio en Persia, a mediados del siglo VII, la popularidad del ajedrez creció; de tal manera que, ya para el S. VIII aparece el juego a cuatro o ajedrez persa.

En 711 los musulmanes se habían apoderado de Toledo; así, las poblaciones conquistadas, judías y cristianas, llegan a conocer el juego del ajedrez. Y, hacia el 842 es publicado el primer tratado de ajedrez árabe. Parece que el papel que jugó el ajedrez en la cultura oriental fue tal que, como ocurre con el arte, el juego imitaba la vida.

Tal era el desarrollo del pensamiento musulmán para esa época que pocos años más tarde, en 859, una joven princesa llamada Fátima al-Fihri fundó la primera universidad en Fez – Marruecos; sitio del cual comenzaron a promoverse estudiantes graduados en diferentes áreas del conocimiento. Así mismo, su hermana Mariam fundó una mezquita adyacente al edificio original y uniendo ambos complejos se creó la Universidad y Mezquita al-Qarawiyyin; la cual aún funciona. Además del estudio del álgebra y la astronomía, allí llegó a jugarse al ajedrez.

Sin embargo, es probable que el registro más antiguo de la cultura del ajedrez sea un juego que tuvo lugar en el siglo X, donde eventualmente se jugó una partida entre un joven estudiante y un historiador de Bagdad.

De allí que, Cabaleiro Larrán (2018) nos sugiere que: “los primeros teóricos del ajedrez fueron los de la escuela de Bagdad, donde primero se anotaron las partidas, se estudiaron las aperturas (tabiyat en árabe) y se estudiaron los primeros problemas (mansuba en árabe). También fueron los pioneros de las partidas a ciegas, en concreto la primera partida la jugó el juez islámico Sa’id Ibn Jubair (665-714). Asimismo, los árabes crearon la expresión jaque mate o shah mat.

Igualmente, debemos reseñar que el tratado del que fuera un jugador destacado como Alijat, Ar-Razi, titulado Latif fi ‘sh-shatranj (La Elegancia en el Ajedrez) data del siglo IX, en el 847, cuando la corte abasí estaba en la actual ciudad iraquí de Samarra. Allí se lee que “La primera referencia que tenemos del juego de ajedrez en Europa es muy temprano en el siglo XI, en Cataluña”, señala Freeman Fahid, en alusión al condado de Urgell.

Se refiere así al conde Ermengol I (974-1010), donde figura en el primer documento en el que se cita el juego, al mencionar “mis trebejos de ajedrez”, en concreto en su testamento. Hay que recordar que el ajedrez había llegado a la Península Ibérica de la mano del cantor persa Ziryab (789-857), procedente de Bagdad y quien recaló en Córdoba en la corte de Abderramán II (792-886)”.

El desarrollo histórico-cultural del ajedrez, al igual que la literatura, ayudó a los historiadores a recrear batallas, ampliar los horizontes y agudizar las mentes; por ejemplo, en el siglo XI, Ferdowsi describe a un Rajá que representó sus batallas pasadas sobre un tablero de ajedrez.

También en el Museo Británico hay una traducción de este episodio, en el cual se puede leer: “Un día, un embajador del rey de Hind llegó a la corte persa de Chosroes, y después de un intercambio de cortesías orientales, el embajador produjo ricos regalos de su soberano y entre ellos había una elaborada tabla con piezas de ébano y marfil curiosamente talladas.

A los cortesanos se les mostró el tablero y después de un día y una noche en profunda reflexión, uno de ellos, Bozorgmehr, resolvió el misterio y fue recompensado por su soberano encantado».

Cabaleiro Larrán (2018) nos señala que “Los primeros teóricos del ajedrez fueron los de la escuela de Bagdad, donde primero se anotaron las partidas, se estudiaron las aperturas (tabiyat en árabe) y se estudiaron los primeros problemas (mansuba en árabe). Igualmente fueron los pioneros de las partidas a ciegas, en concreto la primera partida la jugó el juez islámico Sa’id Ibn Jubair (665-714).

Por su parte Freeman Fahid indica que “La primera referencia que tenemos del juego de ajedrez en Europa es tan temprana como en el siglo XI, en Cataluña”, en alusión al condado de Urgell. Se refiere así al conde Ermengol I (974-1010), donde figura en el primer documento en el que se cita el juego, al mencionar “mis trebejos de ajedrez”, en concreto en su testamento.

En tal sentido, hay que recordar que el ajedrez había llegado a la Península Ibérica de la mano del cantor persa Ziryab (789-857), procedente de Bagdad y quien recaló en Córdoba en la corte de Abderramán II (792-886)”.


Posteriormente los árabes asimilaron el juego y lo difundieron por las vías comerciales de Occidente. En ese momento se lo conocía con el nombre de Shatranj, pero en Bizancio le dieron el nombre de Zatrikión. De esta manera, comenzó su viaje al oeste llevándolo al norte de África y Europa, e incluso, los territorios que ahora se conocen como España e Italia. Esto ocurrió hacia finales del S. IX y X. Territorios desde el cual se extendió al resto del continente llegando por la zona norte a Escandinavia e Islandia.

Finalmente, el juego de ajedrez, al igual que todas las otras tendencias culturales, se ha transformado significativamente desde los tiempos del chaturanga. Un ejemplo de ello es que las piezas de ajedrez solían ser figuras de arte adornadas que representan animales. Así los conjuntos islámicos normalmente estaban hechos de arcilla simple y piedra tallada; sin embargo, las últimas tendencias islámicas han conducido a piezas de ajedrez con formas abstractas y con nombres asignados, ya que el islam prohíbe que los seres humanos y los animales sean representados en el arte. Fuente: «Ajedrez, patrimonio cultural de la humanidad» (Blanco, U. 2020).
 

 Paco de Lucía – Zyryab
https://youtu.be/V7Z1cSDIs6I


Sergio Coellar Mideros
Pamplona, septiembre de 2022

Categorías: Historia del ajedrez

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